Europa produce más electricidad renovable que fósil por primera vez

Un hito histórico que revela los límites del sistema actual

Por primera vez, la energía eólica y solar han generado más electricidad que el conjunto de los combustibles fósiles en Europa. En 2025, ambas tecnologías aportaron en torno al 30% del total eléctrico de la Unión Europea, superando ligeramente al carbón, el gas y el petróleo. No se trata de un dato puntual, sino del resultado de una transformación acelerada durante los últimos cinco años.

El motor de este cambio ha sido la energía solar. Su crecimiento vuelve a superar el 20% anual, encadenando cuatro años consecutivos a este ritmo, algo sin precedentes en la historia energética europea. La expansión de la capacidad instalada, tanto en grandes plantas como en autoconsumo, ha llevado a que en varios países el sol ya cubra más del 20% de la demanda eléctrica. La eólica, pese a un año menos favorable en términos climáticos, se mantiene como uno de los pilares del sistema, por delante del gas.

Este avance ha ido acompañado de un retroceso claro del carbón, que alcanza mínimos históricos, y de un papel cada vez más secundario del gas en términos de volumen. Sin embargo, su influencia sigue siendo decisiva en otro aspecto clave: el precio de la electricidad. En los momentos de menor producción renovable, el gas continúa marcando el precio marginal del mercado, concentrando los picos de precios y elevando la factura energética europea.

La paradoja es evidente: Europa produce más electricidad limpia que nunca, pero no siempre puede aprovecharla. La falta de almacenamiento, la rigidez de la demanda y los límites de las redes eléctricas impiden trasladar la abundancia renovable a precios más bajos y mayor estabilidad del sistema. Las baterías comienzan a abrir una vía de solución, pero su despliegue aún va por detrás del crecimiento de la generación.

España ilustra bien este escenario. Con una producción renovable muy superior a la media europea, el sistema sigue recurriendo al gas por razones técnicas, debido a cuellos de botella en la red, falta de almacenamiento y escasa interconexión con el resto de Europa. El resultado es una producción limpia récord que no siempre se traduce en un beneficio directo para el consumidor.

El desafío ahora ya no es generar más, sino adaptar el sistema eléctrico para que esa energía limpia se convierta en precios más bajos, seguridad de suministro y menor dependencia exterior.